Uffff, qué sensación de cansancio, y eso sin hacer nada. Creo que me paso tanto tiempo haciendo cosas a un ritmo frenético que cuando paro me siento perdido. Ya no hay colegio, ya no hay extraescolares, no hay que ir corriendo a casa a dar de comer a los enanos, ni salir por la tarde corriendo a recogerlos de algún sitio. Ya se han acabado las tardes de amigos, los cumpleaños, los partidos, las audiciones, mis clases en la facultad, la catequesis, los múltiples consejos y juntas a los que pertenezco...
Ahora no sé qué hacer. A ver si me adapto a la tranquilidad antes que llegue septiembre y vuelva a llevar un ritmo agotador.
Esperemos que me adapte antes de tener que volver a trabajar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario