Cada vez que estoy triste necesito escribir contando lo que me pasa. Durante años, cuando estaba triste, muy triste, escribía una carta y se la mandaba a un desconocido elegido al azar de la guía telefónica. Hoy, por fin, he decidido abrirme un blog y hacer lo mismo. Escribir una carta y enviarla, no a uno, a muchos desconocidos. Puede que no interese a nadie lo que cuente, pero me da lo mismo. Esto es un desahogo. Una necesidad de vomitar aquello que me duele.
Acaso esto se resume en una entrada, una única carta. Acaso acaban siendo muchas las cartas. No lo sé ni me importa. Necesito sacar esta pena del cuerpo le duela a quien le duela, y la única medicina que encuentro es gritársela a alguien que no conozco.
El otro día me vapulearon, insultaron y atacaron por todos los lados. Como digo vulgarmente: me pusieron a cuatro patas sobre la mesa y me usaron a conveniencia.
Estar en un sitio en el que sólo te quieren para cubrir el expediente y para que digas amén a todo lo que planteen puede llegar a ser muy cómodo pero intrascendente. Y, cuando les sales rana, y decides plantarles cara y pedir aquello que crees conviene a todos los que representas, eres el malo, el insolidario y sólo demuestras desconfianza hacia la institución (a la cual le debes hasta la existencia). Tienes que aguantar las caras de conmiseración y cinismo del soberbio que piensa que le debes todo y que tú no sabes nada. Que cree que te hace un favor dirigiendo tu vida y la vida de tus hijos. Que considera que todo el que no pertenece a su institución es un pobre idiota cuya vida necesita ser guiada. Que las familias son estúpidas ovejas que precisan de su pastoreo.
Es triste que aquellos que te enseñaron a ser crítico con la realidad que te rodea. Aquellos que te animaron desde la infancia a luchar por aquello en lo que crees por muy utópico que te pareciera. Esos mismos, desmintiendo todas sus enseñanzas, no admitan la crítica.
Esos que se llenan la boca diciendo que "educan en valores" son incapaces de admitir en sus vidas valores como la tolerancia a las ideas de los otros, la democracia, la participación... Y hacen gala de la soberbia, el despotismo, la imposición moral...
Cuando veo el lema "Educar en valores" y, cuando veo sus actitudes, me pregunto ¿En qué valores?
No sé cuantas veces vomitaré en este blog y si le interesa a alguien, pero de esta manera evitaré que nadie reciba una carta de un desconocido deprimido sin tener la culpa de nada.
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