Pasas bajo un arco y te encuentras con un pueblo castellano. Un pueblo con sus casas, sus plazas, su corrala, su puente y su rio. Un pueblo castellano construído por un hombre. Un artesano burgalés que hoy me decía que ese pueblo es otra más de sus esculturas. Una escultura que empezó para disimular una leñera y que crece y cambia día tras día. Espero volver el año que viene y descubrir como ha crecido.
Puertas y vigas procedentes de derribos. Material de escombrera. Trabajo e imaginación.
Si queréis encontrar todo eso sólo tenéis que acercaros a Quintanilla del Agua (Burgos) y tomar la dirección de las piscinas. Allí, al final de la calle, toparéis con el taller de Yáñez. Pedid que os enseñe el pueblo, no os defraudará.
No dejéis de entrar a su taller tras la visita. Sus otras obras, las de barro, merecen la pena, siempre le he admirado por ellas, y esas siempre pueden llevarse a casa.
http://usuarios.multimania.es/bautos/index.html
morocislense
sábado, 17 de julio de 2010
miércoles, 14 de julio de 2010
De vuelta
Estoy como un flan. Ya se acabaron las vacaciones y estoy acojonado de lo que me voy a encontar de vuelta al curro.
Esperemos que sea leve, al fin y al cabo es sólo un día y medio.
Esperemos que sea leve, al fin y al cabo es sólo un día y medio.
lunes, 28 de junio de 2010
San Pedro
Son las fiestas de San Pedro y San Pablo en Burgos. Peñas. Desfiles camino de los toros. Desfiles saliendo de los toros. Danzantes, tetines, gigantones y gigantillos bailando. Tapas. Actuaciones. Verbenas. Y, lo esencial en las fiestas de Burgos: Fuegos artificiales y barracas.
En ninguna de las ciudades en las que he vivido los fuegos artificiales se viven con tanta intensidad. La gente se informa de qué pirotécnica se trata. Valora la cadencia, el sonido, el color y la originalidad. Se junta cada noche para ver la sesión y se aplaude, abuchea o se calla. Este año los de Orense arrasan.
Y las barracas. La pasta que he dejado yo en las barracas. Y la pasta que están empezando a dejar mis hijos... Pero ante las barracas todo se perdona. Al fin y al cabo es San Pedro.
En ninguna de las ciudades en las que he vivido los fuegos artificiales se viven con tanta intensidad. La gente se informa de qué pirotécnica se trata. Valora la cadencia, el sonido, el color y la originalidad. Se junta cada noche para ver la sesión y se aplaude, abuchea o se calla. Este año los de Orense arrasan.
Y las barracas. La pasta que he dejado yo en las barracas. Y la pasta que están empezando a dejar mis hijos... Pero ante las barracas todo se perdona. Al fin y al cabo es San Pedro.
domingo, 27 de junio de 2010
UFFFFFF
Uffff, qué sensación de cansancio, y eso sin hacer nada. Creo que me paso tanto tiempo haciendo cosas a un ritmo frenético que cuando paro me siento perdido. Ya no hay colegio, ya no hay extraescolares, no hay que ir corriendo a casa a dar de comer a los enanos, ni salir por la tarde corriendo a recogerlos de algún sitio. Ya se han acabado las tardes de amigos, los cumpleaños, los partidos, las audiciones, mis clases en la facultad, la catequesis, los múltiples consejos y juntas a los que pertenezco...
Ahora no sé qué hacer. A ver si me adapto a la tranquilidad antes que llegue septiembre y vuelva a llevar un ritmo agotador.
Esperemos que me adapte antes de tener que volver a trabajar.
Ahora no sé qué hacer. A ver si me adapto a la tranquilidad antes que llegue septiembre y vuelva a llevar un ritmo agotador.
Esperemos que me adapte antes de tener que volver a trabajar.
sábado, 26 de junio de 2010
Estoy triste
Cada vez que estoy triste necesito escribir contando lo que me pasa. Durante años, cuando estaba triste, muy triste, escribía una carta y se la mandaba a un desconocido elegido al azar de la guía telefónica. Hoy, por fin, he decidido abrirme un blog y hacer lo mismo. Escribir una carta y enviarla, no a uno, a muchos desconocidos. Puede que no interese a nadie lo que cuente, pero me da lo mismo. Esto es un desahogo. Una necesidad de vomitar aquello que me duele.
Acaso esto se resume en una entrada, una única carta. Acaso acaban siendo muchas las cartas. No lo sé ni me importa. Necesito sacar esta pena del cuerpo le duela a quien le duela, y la única medicina que encuentro es gritársela a alguien que no conozco.
El otro día me vapulearon, insultaron y atacaron por todos los lados. Como digo vulgarmente: me pusieron a cuatro patas sobre la mesa y me usaron a conveniencia.
Estar en un sitio en el que sólo te quieren para cubrir el expediente y para que digas amén a todo lo que planteen puede llegar a ser muy cómodo pero intrascendente. Y, cuando les sales rana, y decides plantarles cara y pedir aquello que crees conviene a todos los que representas, eres el malo, el insolidario y sólo demuestras desconfianza hacia la institución (a la cual le debes hasta la existencia). Tienes que aguantar las caras de conmiseración y cinismo del soberbio que piensa que le debes todo y que tú no sabes nada. Que cree que te hace un favor dirigiendo tu vida y la vida de tus hijos. Que considera que todo el que no pertenece a su institución es un pobre idiota cuya vida necesita ser guiada. Que las familias son estúpidas ovejas que precisan de su pastoreo.
Es triste que aquellos que te enseñaron a ser crítico con la realidad que te rodea. Aquellos que te animaron desde la infancia a luchar por aquello en lo que crees por muy utópico que te pareciera. Esos mismos, desmintiendo todas sus enseñanzas, no admitan la crítica.
Esos que se llenan la boca diciendo que "educan en valores" son incapaces de admitir en sus vidas valores como la tolerancia a las ideas de los otros, la democracia, la participación... Y hacen gala de la soberbia, el despotismo, la imposición moral...
Cuando veo el lema "Educar en valores" y, cuando veo sus actitudes, me pregunto ¿En qué valores?
No sé cuantas veces vomitaré en este blog y si le interesa a alguien, pero de esta manera evitaré que nadie reciba una carta de un desconocido deprimido sin tener la culpa de nada.
Acaso esto se resume en una entrada, una única carta. Acaso acaban siendo muchas las cartas. No lo sé ni me importa. Necesito sacar esta pena del cuerpo le duela a quien le duela, y la única medicina que encuentro es gritársela a alguien que no conozco.
El otro día me vapulearon, insultaron y atacaron por todos los lados. Como digo vulgarmente: me pusieron a cuatro patas sobre la mesa y me usaron a conveniencia.
Estar en un sitio en el que sólo te quieren para cubrir el expediente y para que digas amén a todo lo que planteen puede llegar a ser muy cómodo pero intrascendente. Y, cuando les sales rana, y decides plantarles cara y pedir aquello que crees conviene a todos los que representas, eres el malo, el insolidario y sólo demuestras desconfianza hacia la institución (a la cual le debes hasta la existencia). Tienes que aguantar las caras de conmiseración y cinismo del soberbio que piensa que le debes todo y que tú no sabes nada. Que cree que te hace un favor dirigiendo tu vida y la vida de tus hijos. Que considera que todo el que no pertenece a su institución es un pobre idiota cuya vida necesita ser guiada. Que las familias son estúpidas ovejas que precisan de su pastoreo.
Es triste que aquellos que te enseñaron a ser crítico con la realidad que te rodea. Aquellos que te animaron desde la infancia a luchar por aquello en lo que crees por muy utópico que te pareciera. Esos mismos, desmintiendo todas sus enseñanzas, no admitan la crítica.
Esos que se llenan la boca diciendo que "educan en valores" son incapaces de admitir en sus vidas valores como la tolerancia a las ideas de los otros, la democracia, la participación... Y hacen gala de la soberbia, el despotismo, la imposición moral...
Cuando veo el lema "Educar en valores" y, cuando veo sus actitudes, me pregunto ¿En qué valores?
No sé cuantas veces vomitaré en este blog y si le interesa a alguien, pero de esta manera evitaré que nadie reciba una carta de un desconocido deprimido sin tener la culpa de nada.
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